La Concejalía de Mujer e Igualdad conciencia a la juventud sobre la discriminación invisible que sufre la mujer en el ámbito profesional

Las mujeres se enfrentan a un “techo de cristal” a la hora de acceder a puestos de responsabilidad, una barrera que muy pocas logran franquear y que se nutre de prejuicios

La expresión “techo de cristal” es cada vez más popular y alude a la existencia de un obstáculo invisible que impide el progreso en la carrera profesional de las mujeres en las empresas, especialmente cuando se acercan a la cumbre. Esta problemática fue ayer objeto de una charla organizada por el AMPA del IES Jándula que contó con la colaboración de la Concejalía de Mujer e Igualdad y fue impartida por la responsable del Departamento Psicológico de éste área municipal, Rosario Aguilar Rosell.

“Se trata de concienciar a las jóvenes sobre los problemas reales de igualdad a los que se enfrentan las mujeres con el objetivo de que esos patrones de conducta y esos prejuicios no sean asumidos por ellos. Otra finalidad es que las mujeres jóvenes sean conscientes de que tendrán que enfrentarse a esas barreras invisibles y que cuenten con la autoestima y motivación necesarias para sortearlas”, ha destacado la concejala de Mujer e Igualdad, Rosa María Fernández de Moya.

Durante la charla, Rosario Aguilar puso varios ejemplos prácticos sobre cómo la sociedad juzga a las mujeres a la hora de pedir horarios flexibles para hacerse cargo de los hijos, mientras que si los hombre solicitan la misma flexibilidad, no reciben el mismo “castigo”. Asimismo, la responsable del Departamento Psicológico de la Concejalía de Mujer e Igualdad habló de la presencia de las mujeres en altos cargos empresariales y en Consejos de Administración y abordó su participación en política y el tratamiento que reciben por parte de los medios de comunicación.

Las mujeres se enfrentan al “techo de cristal” en un momento determinado en su desarrollo profesional, de modo que una vez llegado a este punto muy pocas franquean dicha barrera invisible, por lo que la mayoría de ellas deja estancada su carrera profesional. Las causas de este estancamiento provienen, en su mayor parte, de los prejuicios empresariales sobre la capacidad de las mujeres para desempeñar puestos de responsabilidad, así como sobre su disponibilidad laboral ligada a la maternidad y a las responsabilidades familiares y domésticas, actividades que suelen coincidir con las fases de itinerario profesional ligadas a la promoción profesional.[1]

La idea de invisibilidad se justifica porque su existencia no es explícita, pero sus consecuencias son muy visibles: Baja presencia de las mujeres en los niveles directivos, diferencias salariales, desigual carga de trabajo, distribución de tareas y funciones, menor estabilidad en el empleo, etcétera.

El “techo de cristal” se justifica y mantiene prejuzgando que las mujeres carecen de valores necesarios para la promoción profesional como competitividad, firmeza o disponibilidad, obviando otros tan importantes dentro de las habilidades directivas como capacidad de organización, comunicación y liderazgo. Por otra parte, generalmente beneficia a la mayoría de los hombres que no suelen reivindicar la vida familiar y personal ante horarios y disponibilidad abusivos.

“Desde la Concejalía de Mujer e Igualdad trabajamos en la lucha contra este tipo de discriminación y lo hemos puesto de manifiesto en campañas de sensibilización y a través del Plan Municipal Integral de Formación para la Mujer”, explica Fernández de Moya. En concreto, la Concejalía ha desarrollado acciones formativas específicas con el objetivo de profundizar en contenidos y mejorar la actitud de las mujeres para enfrentarse al “techo de cristal”. Estos cursos han sido: Secretariado de Dirección, Dirección y liderazgo y Experta en Salarios y Seguros Sociales.

Además, el Departamento Psicológico de la Concejalía de Mujer e Igualdad trabaja para desarrollar en las mujeres valores fundamentales a la hora de acceder a la promoción profesional. Es necesario no solo contar con los conocimientos requeridos, sino también con la confianza en una misma. Es decir, la mujer debe creerse capaz de llegar y para ello se le atiende a través de consultas individuales y terapias de grupo para trabajar la autoestima, la asertividad, la empatía y la comunicación, etc.

Por último, se lucha también contra estas barreras invisibles a través de la sensibilización para crear una conciencia social y empresarial del beneficio que supone contar con el personal idóneo en cada puesto, valorando conocimientos, competencias, habilidades, aptitudes o actitudes y no cayendo en prejuicios sexistas que solo acarrean una mala gestión empresarial.

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